sábado, 17 de mayo de 2008

Antonio Jáquez: el venado que cazaba leones



“Para ser un venadito bajado de la sierra, me parece que no le he hecho mal”, dijo Jáquez. Eran las tres de la mañana y estábamos en la sala de su departamento: habíamos pasado del whisky al sotol y de Bob Dylan a Mozart. La misa en do menor había terminado y Jáquez soltó la frase así, sin que viniera a cuento. Supe que estaba haciendo cuentas con él mismo. Y estaba orgulloso, como lo estamos todos los que lo conocimos.
Antonio Jáquez fue un gran ser humano, un gran maestro y un gran amigo. Periodista brillante, pelao fino y audaz, diría el Piporro. Según su propia definición, era un venado. Yo diría un venado que cazaba leones. Un venado al que no le temblaba el pulso para escribir, ya fuera sobre los malos manejos de Raúl Salinas ―el hermano incómodo del entonces presidente―, o sobre Vicente Fox y Marta Sahagún que reviven escenas de Lo que el viento se llevó. O sobre el caso Colosio. O sobre el Fobaproa. O sobre narcotráfico. Un venado con instinto cazador, que olfateaba la noticia a kilómetros y se lanzaba tras ella.
Disfrutaba las series de televisión: 24, Los soprano, Prison Break, Don gato y su pandilla. Amaba la música, de Jimmy Page a Conlon Nancarrow, de las cantatas de J.S. Bach a la ópera contemporánea de Osvaldo Golijov. Amaba la literatura, de Cabrera Infante a Dino Buzzati. Lo suyo eran también los viajes: se tomó un café con Borges en el Tortoni, navegó el Támesis, siguió en Rusia el rastro de Dostoievsky. Admiraba a Jack Bauer. A Octavio Paz. A Karajan. A don Julio Scherer, su maestro y amigo por muchos años.
El año pasado, Jaime Muñoz envió un cuestionario a varios laguneros radicados fuera de la Comarca. Yo contesté rápido, Jáquez no hallaba el tiempo. Una tarde de julio resolvimos el pendiente, él dictando y yo tecleando las respuestas. Reproduzco aquí esa entrevista, inédita hasta hoy:

Nombre: Antonio Jáquez Enríquez.

¿Qué razones te llevaron a radicar fuera de La Laguna?
Siempre oportunidades de estudio o de trabajo lo suficientemente tentadoras como para dejar lo que tenía. Además, leo mucho desde que era muy joven y eso me fue despertando la curiosidad, las ganas de conocer otras regiones.

¿Qué encontraste fuera de La Laguna?
El mundo. Muchísimas cosas a las que jamás hubiera tenido acceso en Torreón. Me gusta mucho viajar, y no pierdo la oportunidad de hacerlo, porque eso me permite encontrar más cosas. Entre las ciudades norteamericanas la que más me gusta es Nueva York, conozco buena parte de Europa, voy a Londres cada que es posible, he visitado algunas regiones de Sudamérica.

¿Cuál ha sido tu trashumancia?
Estudié fuera de La Laguna, después volví a la Comarca, fui maestro universitario y reportero en La Opinión (hoy Milenio). Luego vino la invitación para ser corresponsal del semanario Proceso en Monterrey. De allí emigré a la Ciudad de México por invitación del mismo semanario.

¿En qué trabajas actualmente?
Soy Asesor de la Dirección en Proceso, labor que disfruto mucho.

¿Cuáles son los logros más significativos que has obtenido fuera de La Laguna?
Hay muchas notas que considero memorables. Para la edición conmemorativa de 30 años de Proceso, hice un texto en donde recuerdo cómo unas semanas antes de que Carlos Salinas de Gortari dejara el poder, el semanario publicó un reportaje (edición 942, del 21 de noviembre de 1994). Allí di a conocer el rastro sucio que Raúl Salinas dejó durante su sexenio: tráfico de influencias, negocios ilícitos, complicidades, beneficiario de la privatización bancaria.

¿Allá tienes o has tenido convivencia con laguneros? ¿Qué tipo de relación?
Tengo contacto permanente con muchos laguneros que están dentro y fuera de la Comarca; con algunos por cuestiones de trabajo, con otros por amistad. Cuando es posible, voy a La Laguna a pasar las fiestas de fin de año.

¿Tienes la intención de regresar o tu salida es definitiva?
Es definitiva.

¿Hay algún detalle que sepas que es muy lagunero y que te hayan resaltado las personas con las que convives donde estás?
Conservo algunos giros en la forma de hablar, el gusto por algunos platillos.

¿De qué manera el hecho de habitar lejos de La Laguna ha definido o disuelto tu identidad de lagunero?
Creo que en algunas cosas la ausencia ha fortalecido mi identidad de lagunero. También he adquirido rasgos de otras regiones, pero los he incorporado como lo haría un lagunero fuera de su tierra.

En términos gastronómicos, ¿qué platillo(s) extrañas de aquí y qué te gusta de allá?
El menudo y la carne asada de acá no saben igual. Y no acabo de acostumbrarme a que me pregunten si quiero quesadillas de queso.

¿Te ha sido difícil entablar amistad con las personas de allá?
No ha sido ni más fácil ni más difícil hacer amigos afuera de La Laguna que en la región.

¿Tenían de ti algún prejuicio como lagunero?
No. A veces quienes tienden a alimentar más los prejuicios son los laguneros que se quedan, y no pocas veces sus prejuicios apuntan hacia los laguneros que salen.

¿Qué le podrías recomendar al escritor que no ha salido de La Laguna?
Que salga, que explore, que no se limite. Que no tenga miedo.

¿Eres feliz allá?
Mucho. También lo era cuando vivía en La Laguna.

Descanse en Paz, Antonio Jáquez.

2 comentarios:

Eduardo Rentería dijo...

Vicente:

Una lástima lo de Antonio Jáquez. Yo sólo le conocí como lector, pero nunca dejaré de tener ese orgullo regionalista, te lo confieso, de saber que era de origen lagunero. Gracias por dejarnos conocer tu amistad con Jáquez.

Estaré pendiente para el 5 de Junio cuando presentes tu libro aquí en Torreón. Ah! por cierto; ¿en dónde?

Saludos.

Homero Sotomayor dijo...

27 de junio del 2013, 00:10.
Siempre que leo esta entrada, al principio, siento como si estuviera en su departamento; y en la entrevista, siento que lo escucho hablar a él. No sé si leas esto o no, pero, ay, no sabes cómo lo extrañamos... todos.