jueves, 11 de diciembre de 2008

Fruta verde, autor maduro



El mundo está lleno de monstruos felices. La frase no es mía, es de Enrique Serna y forma parte de su novela Fruta verde. Con poco más de trescientas páginas, este libro se lee en un par de días, aún cuando hace falta mucho más tiempo para digerir todas las vitaminas que contiene. Porque esta Fruta cuenta los laberintos de tres vidas, pero en ese ejercicio cuenta mucho más que eso.
Los protagonistas de Fruta Verde son Germán Lugo, un joven aspirante a escritor; Mauro Llamas, un dramaturgo homosexual, y Paula Recillas, madre de Germán. La historia se desarrolla por tres líneas que se trenzan: el aparente equilibrio de la vida comienza a tambalearse cuando Germán pierde a su novia y Mauro, su compañero de oficina, se propone seducirlo. Paula, por su parte, intenta salir a flote de una crisis que desembocó en divorcio y en el trayecto se ve envuelta en una aventura con uno de los amigos de su hijo. El adolescente le escribe cartas, la corteja con atenciones y gestos caballerosos, y poco a poco la madre de familia va considerando los riesgos de asomarse al precipicio.
Nacido en el DF en 1959, Enrique Serna es uno de los narradores mexicanos más leídos y comentados en la actualidad. Ha publicado, entre otros libros, las novelas Uno soñaba que era rey, Señorita México, El miedo a los animales, El seductor de la patria (Premio Mazatlán de literatura) y Ángeles del abismo (Premio de Narrativa Colima). En 2002, Gabriel García Márquez lo incluyó en una selección de los diez mejores cuentistas mexicanos del siglo XX.
Sin duda vale la pena pasar por todos los capítulos de Fruta verde, que cierra con un magnífico fragmento titulado ofrenda. En éste, Serna despliega sus dotes no sólo para crear imágenes y metáforas, sino para tocar las entrañas de lo humano. Aquí es donde su pluma nos receta cañonazos como la frase que abre esta columna: "el mundo está lleno de monstruos felices". Si así es, Fruta verde es la historia del nacimiento de uno, dos, tres de estas aberraciones cotidianas que es cualquiera de nosotros.
Lejos pues de las lágrimas fáciles que nos receta Azcárraga, Enrique Serna da una lección de lo que podemos llamar la ética del escritor. No hay temas prohibidos para quien pretende hacer literatura. Tampoco hay historias imposibles. Leyendo Fruta verde uno se cuestiona acerca del trabajo que debió implicar la construcción de personajes tan distintos como una mujer madura, un dramaturgo gay y un preparatoriano de clase media.
Una vez armados los personajes, viene un nuevo reto: hacer que interactúen sin hundirse o desmoronarse. Incapaces al mismo tiempo de comprenderse entre sí, Mauro, Germán y Paula (junto a otros personajes como Baldomero y Pável) declaran en algún momento una profunda necesidad de comunicación. Todos coinciden en que el amor debiera ser más un asunto de entendimiento que –para decirlo con las palabras de uno de ellos– "un capricho del culo".Formalmente, la novela exige del autor un dominio de las técnicas, pero los recursos están usados con tal tino que no distraen al lector, no le impiden entrar al mundo recreado en estas líneas. En resumen, Fruta verde es una excelente novela, escrita con honestidad y experiencia, que merece ser considerada más allá de un retablo de confesiones que atizan el morbo. Una fruta lista para hincarle el diente.

3 comentarios:

Juan de Dios dijo...

Vicente, tus reseñas siempre dejan a uno con unas inmensas ganas de leer los libros que tu has leido. Una pregunta ¿Este post es la reseña que apareció en Siglo Nuevo hace como quince dias? Lo que ocurre es que en esta revista le atribuyeron las lineas a Frino y no a tí. Pero tu eres el autor, ¿Verdad?

Vicente Alfonso dijo...

así es. Frino es mi hermano gemelo, y ya habíamos notado que se publicó la reseña atribuyéndola a mi carnal. Son cosas que pasan. Mil gracias por tus comentarios.

One person- one world dijo...

Según yo, esta novela pertenece a la literatura posmodernista por su rico estudio del 'individuo' y la 'experiencia humana'. Mauro describe como llegó a ser gay como si fuera experiencia normal (y que es más normal que ser humano). Lo curioso de su historia es que no tenía ninguna inclinación homosexual hasta que se encerró con Silvio (el mecánico). En cambio, la experiencia de German es más complicada. El, como puro activo trata de negar su curiosidad heterosexual por parte de su madre homofobica. Pero aunque se mete con Mauro, el no se autodefine 'gay' sino ocupa un papel neutralizado. Bueno, en resumidas cuentas veo esta novela como un estudio de genero y sexualidad posmoderno pero no he logrado organizar muy bien mis ideas. ¿Qué opinas?