miércoles, 30 de diciembre de 2009

Aquello que nos resta: una charla con Liliana Pedroza

Fragmentos de una en-trevista con Liliana Pedroza, ganadora del Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2009, publicada hoy en El Siglo de Torreón. El vínculo para la versión en línea aparece al final.

“Escribir no sólo ayuda a comprender el mundo, también ayuda a redimirlo, pues la literatura es un fragmento de belleza y una forma de resistencia”, responde Liliana Pedroza cuando alguien le pregunta para qué sirve la literatura. El pasado 25 de noviembre, la joven escritora estuvo en Saltillo para recibir el Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri, conocido entre los escritores como “El Torri”.
El galardón –convocado por el Instituto Coahuilense de Cultura y por el Fondo Editorial Tierra Adentro– ha aumentado considerablemente su prestigio, pasando de ser un premio casi desconocido a ser una codiciada presea en nuestras letras nacionales: en buena medida eso se debe a que el libro ganador se publica en el Fondo Editorial Tierra Adentro, lo que garantiza a los jóvenes autores una auténtica distribución nacional, lo que no ocurría en otras etapas del premio.
Narradora y ensayista nacida en 1976, Liliana Pedroza es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua y realizó estudios de doctorado por la Universidad Complutense de Madrid, experiencia que además de reforzar su formación académica, aportó experiencias vitales que han enriquecido su literatura. Es autora de tres libros: el volumen de ensayos Andamos huyendo, Elena (FETA, 2008) y el volumen de cuentos Vida en otra parte (Ficticia, 2009) y Aquello que nos resta (ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2009).

Aquello que nos resta
Durante la ceremonia de premiación, realizada hace unos días en la capital coahuilense, la joven escritora se refirió al papel que juega la literatura en un México en el que la corrupción, la violencia y la crueldad son monedas de uso corriente. Como ejemplo mencionó el caso de Ciudad Juárez, que calificó como un “laboratorio de la violencia” en el que se puede ver el futuro del país. Lamentó que las autoridades estatales y municipales no hagan nada por mejorar esta situación.
Si su primer libro de cuentos le mereció el Premio Chihuahua de Literatura y la reveló como una hábil narradora, Aquello que nos resta la perfila como una autora ajena a complacer a los lectores con prosas almibaradas: “Me gustaría pensar que efectivamente hay un cambio como narradora entre un libro y otro. Lo que puedo afirmar es que sí hay una búsqueda distinta. En Vida en otra parte quise incluir historias más orgánicas, el reto fue la manera en que las iba a contar, encontrar lenguajes y estructuras distintos para hablar sobre un mismo tema que es la extranjería”.
El nuevo libro, coeditado por el Icocult y e Fondo Tierra Adentro es en palabras de su autora, “una exploración basada en los mecanismos internos de los personajes. Encontrar motivaciones en personajes violentos per se. Explorar la crueldad como parte inherente del ser humano. Dentro de esa búsqueda llegaron casi por sí mismas las voces narrativas y la manera en que es contada cada una de esas historias”.
Es por eso que Liliana no cree en la literatura con etiquetas: “creo que hay una literatura, y una literatura importante, que se está gestando en el norte, pero no considero que exista una literatura norteña como tal, aquella que conlleva ciertas características reconocibles que nos diferencian del resto del país”.
Agrega que quizá ese señalamiento responda más a una nueva focalización de la literatura que se está creando con gracias a escritores que ya no necesitan vivir en la capital para ser publicados o reconocidos. Y añade que las editoriales independientes también están logrando eso, mirar fuera del centro qué y quiénes escriben en México.
Lo mismo ocurre con la etiqueta de la literatura para mujeres, que también rechaza: “en teoría no existe como tal una literatura para mujeres. Quizá haya temas de ciertas autoras en que las lectoras tengan afinidad y por ello las busquen. Pero en lo personal no me gustaría ser encasillada dentro de una literatura para mujeres”.
Uno, agrega, tendría que escapar de esas categorizaciones –lo norteño, lo femenino- pues éstas “no son más que prejuicios que aíslan o distraen frente a lo verdaderamente importante de la literatura”.

Pasado con maletas
Los viajes son una constante en las letras de esta autora. Y es que, como ella misma lo define, creció como parte de una familia itinerante: “debido al trabajo de mi padre vivimos en varias ciudades del país, las mudanzas fueron una constante y todo lo que esto conlleva: hacer maletas; dejar un sitio; establecerte en otro; entrar en un proceso, a veces largo, de adaptación. Nunca lo padecí, cuando se es niño todo lo que ocurre se asume con naturalidad”.
Agrega que eso fue creando en ella una suerte de desarraigo que le ha permitido estar en constante movimiento y desprenderse con menos dificultad de lugares y personas, y después aclara: “supongo que no es una visión común de asumir la vida, pero yo no fui conciente de ello hasta que viví fuera del país por varios años. Allí asumí el viaje como tema literario”.
Liliana quiso retratar ese constante errar por España en su relato “La cosa no es tan simple”, incluido en Vida en otra parte: “En realidad la cosa no es tan simple como cambiarse de casa, de ciudad, de país. No sólo es acomodar los recuerdos y la ropa en cajas y maletas, transportarlas y volverlas a sacar para disponerlas en un sitio nuevo. La cuestión no es sólo cambiar de aires, de ambientes, de horarios, de comida, despedirse de amigos y hacer otros (…) La cosa real es cambiar de números. Digitar el 9C11541 de la puerta de entrada, tomar el acensor y marcar el piso 17”.
Al respecto, la autora comenta: “ese relato lo escribí la noche siguiente de una de mis tantas mudanzas dentro de mi período fuera de México. Me encontraba fastidiada por lo difícil que había sido conseguir un sitio para vivir, del esfuerzo que se hace ante cosas cotidianas que, llevadas a una cultura distinta, uno tiene que reaprender. Fue mi reacción para decir que no sólo es difícil irse y dejar cosas atrás; sino esa parte doméstica nueva a la que hay que adaptarse, que también resulta dolorosa”.
En estos días hay dos posturas frente al cuento que se contraponen: frente a los que ven en el género un producto literario en crisis, están quienes hablan de una etapa de transformación. ¿Con cuál de estas ideas se identifica la autora de Aquello que nos resta?: “En un país como México, donde casi no hay lectores, cualquier género literario se encuentra en franca crisis. Basta ver las mesas de novedades de una librería qué títulos son los que predominan. O la lista de los libros más vendidos. Sin embargo, entre quienes escriben y al ver qué escriben, no consideraría al cuento como un género en crisis”, señala.
Liliana agrega que hay muy buenos escritores mexicanos que son fundamentalmente cuentistas y que aunque exploran otros géneros, regresan al cuento: “Eduardo Antonio Parra, Guillermo Samperio… a Mónica Lavín me gusta más pensarla como cuentista que como novelista”.
“Ciertamente, añade, el cuento está mutando en su manera de contar, pero eso sucede con el resto de los géneros. La literatura, la lengua, son entes vivos que se transforman con las necesidades o las búsquedas de su época”.

Para leer la versión en línea:
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/489558.html

1 comentario:

Rojo... dijo...

En lo personal me encanto Aquello que nos resta. Tu site es muy bueno, lo descubri hace un par de semanas y las reseñas que haces motivan a conseguir los libros y leerlos. Gracias por incentivar el gusto por la lectura.

Saludos