lunes, 4 de mayo de 2009

Stayin' alive




"La comunidad no renuncia a la afirmación de la propia identidad personal. Por el contrario, intenta una vía distinta para descubrir el verdadero yo, la ruptura de la obsesión por sí mismo".

Luis Villoro


Comenzábamos apenas a acostumbrarnos a las turbulencias de la crisis financiera internacional cuando el brote de influenza A H1N1 nos trajo más dosis de adrenalina. Nunca, que yo recuerde, había visto tan desiertas las calles de la ciudad de México. No faltan los escépticos que se suben al metro sin tapabocas, que comen en la calle, que aprovechan el puente para salir a la playa. Pero son mayoría quienes se muestran preocupados o al menos cautelosos.

¿Cuándo se había visto que los matrimonios de clase media/alta atiborraran el carrito con sopas instantáneas, con latas de atún? Otros llevan papel higiénico, garrafones de agua, comida para perro. Los productos de moda son el cloro, el gel con alcohol, todo tipo de jabones. La leche empacada, el arroz, el azúcar, las latas de lo que sea. Y en los altavoces, alguien con oscuro sentido del humor ha programado una y otra vez aquella vieja rola de los Bee Gees: Stayin' Alive.

Quién iba a decir que el color de esta temporada sería el azul-tapabocas. El N1H1 nos ha puesto, otra vez, ante la paradoja del individuo frente a la colectividad: ¿cuál es el camino? ¿debemos procurar el bien común por encima del beneficio personal, o primero están mis dientes que mis parientes?

De alguna forma nos enfrentamos aquí a una variación de lo que los economistas llaman "la paradoja del ahorro". La idea es la siguiente: en épocas de crisis, a nivel individual se aconseja gastar lo menos posible, pero a nivel colectivo lo que se requiere es mayor gasto para reactivar la economía. ¿Qué hacer? ¿ahorrar, gastar? ¿Es el gobierno, y no las personas quien debe hacer los desembolsos?

En este momento atravesamos una crisis de salud en medio de una crisis financiera. Las personas temen al virus de la influenza, las empresas al virus de la bancarrota. Mientras las autoridades intentan convencer a la población de no hacer compras de pánico, los supermercados saturaron desde el jueves las cadenas de radio con sus "ofertas de fin de semana": latas de atún y sopas instantáneas. Los mensajes son contradictorios, cómo evitar que la gente se preocupe y tome medidas. ¿Podemos culpar a un hombre que saca a su familia de la ciudad de México, aún cuando su acción entrañe el riesgo de diseminar el virus por otros puntos del territorio nacional? ¿A qué está orientado el uso del tapabocas: a cuidar a los demás o a quien lo porta?

No es fácil tomar las decisiones que requiere el país: proteger del todo al individuo implicaría aislarlo y por lo tanto suspender las actividades económicas en México. Eso significaría aún más despidos en un país lastimado por el desempleo y por la falta de oportunidades. Proteger a la colectividad, y en consecuencia no tomar ninguna medida (como han sido el cierre de escuelas, restaurantes, cines, estadios, teatros e iglesias) implicaría una mayor propagación del virus y a mediano plazo una catástrofe sanitaria.

Mientras arribamos a una solución para esta paradoja, no está de más acatar las medidas preventivas para atenuar la expansión de este virus (pues frenarlo, según la Organización Mundial de la Salud, es ya imposible). La situación exige criterio y disposición de todos. De poco sirve esperar a que la limpieza y el cuidado arriben a nuestras casas por decreto.

1 comentario:

Héctor Herrera dijo...

Y más que una crisis financiera y sanitaria, una crisis de valores y una crisis de conciencia y una crisis de educación.

Ahora hé entendido la frustración que ha de sentir alguien que está tras una bocina del teléfono del 066 o de los bomberos o la policía, ya no digamos las personas que acuden al "lugar de los hechos"... yo, contestando llamadas de atención a la ciudadanía para brindar orientación e información para efectos del virus de Influenza "humana" o AH1N1 o whatever, créeme que me doy todavía más cuenta que todavía en nuestro país nos falta mucho en esos rubros... ya no te platico lo que me han dicho y desdicho porque nunca terminaría... pero que triste, México aparentemente sigue siendo un país de crisis y crisis y más crisis.

Un abrazo sin Influenza, y reitero mis felicitaciones de cumpleaños. Mis mejores deseos.