martes, 26 de junio de 2012
Allá están locos
lunes, 21 de mayo de 2012
“Hay que hablar menos y hacer más”: Jaime Muñoz

lunes, 23 de abril de 2012
Liberar un libro
Liliana V. Blum perfila muy bien a sus personajes a través de sus acciones, pues más que explicar, al actuar plantean enigmas. ¿Por qué Helen fuma como desesperada? ¿Por qué, si no le motiva su trabajo, quisiera trabajar aún en sus días de descanso? ¿Por qué Allison Moore está tan nerviosa en su clase de literatura alemana? ¿Qué fue de la hija de doña Cande? Con un profundo conocimiento de sus personajes, la autora parece seguir el consejo de Juan Rulfo para cualquier narrador: imagina a un personaje en todos sus detalles, échalo a andar y síguelo…No obstante, una relectura nos permite ver que los cuentos están trazados con premeditación, cortados y ensamblados con mucha habilidad, logrando una gran pieza. Por cierto, hace dos años exactos encontré este libro afuera de Bellas Artes, en una banca. Y no, no pienso soltarlo.
viernes, 17 de febrero de 2012
El Kamasutra completito

El Kamasutra contiene consejos muy útiles para aquellos que quieren ganarse a sus suegros. El capítulo cuatro, por ejemplo, habla de cómo debe ser la vida de un ciudadano, con muchos preceptos útiles. ¿Es usted un hombre joven en busca del sitio ideal para establecerse? Busque un vecindario con vecinos virtuosos, cerca de un río. Asegúrese de que la casa tenga por lo menos dos habitaciones, pues toda vivienda debe tener sus espacios públicos y sus áreas de intimidad. La cosa no se queda allí: los preceptos incluyen la disposición y aún la decoración de la casa e incluso sugerencias sobre cómo debería comportarse un ciudadano ejemplar en reuniones sociales, en días de campo o qué debería decir cuando está bebiendo con sus amigos.
Si bien muchas de las recomendaciones se enfocan en la vida del hombre, el libro no olvida a las mujeres. En la primera parte se sugiere que "aún las mujeres jóvenes deberían estudiarlo antes de casarse, y podrían seguir haciéndolo después de casadas con el consentimiento de sus esposos". No es un asunto menor ni una trivialidad. Junto al estudio de los "aforismos del amor", el libro recomienda estudiar sesenta y cuatro artes que pueden complementar el espíritu del aprendiz, entre ellas el canto, el baile, la escritura, el conocimiento de la poesía y la aritmética, la gimnasia, técnicas de guerra, las reglas fundamentales de la cortesía...
La parte sexual del Kamasutra tampoco es lo que la mayoría de las personas imaginan: además de las acrobacias y malabarismos, el libro procura a quien lo lee un conocimiento que trasciende lo superficial, lo vacuo y aun lo irresponsable. Eso sí: me refiero a una versión íntegra del libro, no a las ediciones condensadas o adaptadas al estilo: "Kamasutra para oficinistas" o "Kamasutra en 3D".
El Kamasutra en su versión completa habla de los diferentes tipos de amor y de las muchas formas en que un hombre y una mujer pueden relacionarse. Advierte cuáles son las situaciones en las que un hombre y una mujer deben verse sólo como amigos.
Al menos cinco capítulos abordan las formas en que un hombre puede elegir una mujer, cortejarla y concretar un matrimonio perdurable. Otros dos capítulos hablan sobre las conductas que debe adoptar una esposa para agradar a su hombre (y no son cosas que se puedan hacer en un colchón). Acaso muchas personas piensen que poco habrá de familiar entre el México del siglo XXI y la época en que este libro fue redactado (es decir, la India del siglo III). Resulta asombroso lo parecido que puede ser la vida. Pensémoslo así: si el libro recomienda enviarle un par de versos a la mujer deseada, esos mismos versos pueden viajar ahora por SMS o por Whatsapp.
Lo confieso: aunque lo he intentado, me ha faltado mucha disciplina y mucho tiempo de estudio para aplicar todos los consejos de este libro. Pero no pierdo la esperanza.
martes, 7 de febrero de 2012
Lo que nos toca

Desconfío, de entrada, de cualquier candidato que no me exija poner algo de mi parte para sacar adelante al país. Desconfío de los candidatos que me prometen más empleos, salud y educación, a cambio de tachar una boleta.
Desconfío de cualquier candidato que no se atreva a reconocer que el tema del narco es mucho más complejo de lo que parece, pues terminar de un día para otro con el negocio de las drogas podría desequilibrar la economía nacional. Desconfío de los candidatos que promueven una visión limitada, maniquea, que nos dicen "los buenos somos más" y olvidan que en estos temas no sólo entra en juego la bondad, sino la necesidad, la ignorancia y la marginación. Desconfío de los candidatos que, usando una frase rimbombante, prometen educación de calidad y no tienen el valor de decir que en México el sistema educativo está secuestrado por un sindicato cuyos intereses están lejos, lejísimos del conocimiento y el estudio. Que el sistema educativo está en ruinas porque hay cientos, miles de universidades privadas con programas deficientes, sin investigación, repartiendo títulos como si fueran estampitas. Desconfío de los candidatos que no se atreven a decir que el presidente ya no es el mandamás.
Lo malo es que esos candidatos son mayoría, en el afán por conquistar el voto prometen lo que sea. Lo malo es que nuestro sistema de partidos es un reality show donde el más simpático -no el más apto, ni el más preparado- se lleva el premio. Un candidato que nos diga que tenemos parte de la culpa de este caos sería sumamente impopular, como lo sería también un candidato que nos recordara que en las acciones de todos los días se amalgaman las políticas públicas y nuestras decisiones privadas. Votar por quien promete soluciones mágicas es endosarle la responsabilidad a otro. Una forma de comenzar a sentar las bases para un México distinto sería identificar qué deberíamos aportar los ciudadanos para atenuar la corrupción, para ser más productivos, más críticos. Eso, hay que decirlo, difícilmente nos lo van a decir en un spot o en un volante.
Una cosa más: en política, dice un refrán, la forma es fondo. Y las formas con que se conducen los precandidatos de todos los partidos dice mucho acerca de ellos. Para muestra pongo sobre la mesa el caso de las precampañas: mucho se dijo que era necesario legislar al respecto con el propósito de no enrarecer el ambiente político del país, y de "no poner en riesgo la equidad en la contienda". Sin embargo, prácticamente todos los suspirantes se las han arreglado para brincarse las trancas. Eso nos habla de una clase política que no respeta ni siquiera las leyes que ella misma fragua. Y si así se portan antes de sentarse en la silla, no quiero ni pensar en cómo se portarán después.
El Torri, de regreso
Hace unas semanas el Icocult, dirigido por Sofía García Camil, y el Programa Cultural Tierra Adentro, dirigido por Mónica Nepote, lanzaron la convocatoria para el Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri. La fecha límite para enviar los trabajos y participar es el 11 de mayo de 2012. El premio son 70 mil pesos y la publicación del libro. El relanzamiento del premio, cuya desaparición lamentábamos muchos, es una muy buena noticia y una iniciativa que merece ser reconocida.
miércoles, 25 de enero de 2012
Edith Piaf y la Sonora Dinamita

Nueva York no tiene ni el tiempo ni el candor para sorprenderse a sí misma. La integración de culturas es su esencia: trabajadores griegos, latinoamericanos, africanos, rusos, chinos, conviven sin reparar demasiado en sus diferencias. No es la convivencia glamorosa que nos vende la T.V. Acá cada quien habla de sus cosas en su lengua o en un inglés marcado por los más variados acentos.
Esta ciudad no tiene tiempo para creerse la imagen que ha hecho de sí misma. No tiene ni siquiera interés en hacerlo: el cuzqueño añora los anticuchos, el michoacano las tortillas, el coreano algo extrañará, aunque los demás ignoremos qué. Es allí, en la mutua ignorancia, donde se basa el respeto. Un respeto frío, que se parece demasiado a la indiferencia.
Los que sí compiten por la atención de estas minorías (y en esa lucha apelan al entendimiento y a la comprensión) son las empresas. En Wall Street, en las cafeterías que pueblan los alrededores de Trinity Church, los espectaculares anuncian cerveza en inglés pulcro: "Who wants a cold one?". Pero basta descender veinte escalones para que los carteles de la misma marca migren al español: "Coors Light, para los verdaderos aficionados a los Gigantes", y agregan un mexicanísimo "ya se armó". Trivia: ¿cuántos güeros aparecen en este cartel?
Que nadie se engañe: Nueva York no es el caos, sino la especialización. Los mensajes son dirigidos a grupos específicos, a perfiles específicos: Sicily pizza, Ferretería, Sandy's cuchifritos, Farmacia Latina, se lee en el cruce de avenida Lexington con Luis Muñoz Marín.
¿A qué suena Manhattan? Para algunos seguro suena a jazz, a la guitarra de B.B. King, a una balada de Billy Joel. Puede ser que a eso suene. Pero no sólo a eso. En la estación del metro que está sobre la calle 42, muy cerca de Times Square, escuché a un grupo de músicos exprimiendo de sus instrumentos los acordes de "Que nadie sepa mi sufrir". Para mi sorpresa, un grupo de franceses aplaudía con entusiasmo la ejecución.
Esa canción es un buen ejemplo de cómo funciona el crisol de culturas: me comenta Édgar Amador que eso que nosotros bailamos en las bodas y atribuimos a la Sonora Dinamita, ya lo cantaba Edith Piaf en 1957, por supuesto en francés. Aunque la letra es radicalmente distinta, basta buscar "La Foule" en Youtube para darse cuenta de que el tema interpretado por Piaf originó la cumbia que hace sudar a miles de señoras en sus clases de baile. Pero tampoco la Piaf fue original: la pieza fue originalmente compuesta en 1936 por Ángel Cabral con letra de Enrique Dizeo, ambos argentinos. La figura que utilizaron Cabral y Dizeo es un vals peruano, que por aquellos años era un género muy popular en América Latina.
Así pues, entre el fugaz público de aquella banda cada quien escuchó lo que quiso, o lo que pudo: el peruano oyó un vals donde yo oí una cumbia, y los franceses aplaudieron un viejo éxito de Piaf. Lo mismo sucede con la literatura, con el periodismo, con la comida, con la ropa...
Nueva York no tiene ni el tiempo ni el candor para sorprenderse a sí misma. La integración de culturas es su esencia: trabajadores coreanos, griegos, latinoamericanos, rusos, chinos, conviven sin reparar demasiado en sus diferencias. No es la convivencia glamorosa que nos vende la T.V. Acá cada quien habla de sus cosas en su lengua o en un inglés marcado por los más variados acentos.